La Lotera: La historia del gordo de navidad

LA LOTERA_LA HISTORIA DEL GORDO DE NAVIDAD

Siempre que pienso en el premio más deseado de la lotería de Navidad me viene a la cabeza un hombre completamente redondo, como si fuera uno de esos bombos de dónde salen los numeritos. Pero tranquilo, que esta historia no sigue hablando de mis sueños de vieja locuela, es una historia real, ¡y los niños de San Ildefonso aparecen desde el principio!

La lotería española, como ya te conté, nació en 1812, pero el sorteo extraordinario de Navidad no lo empezaron a celebrar hasta el 23 de diciembre de 1892. No es que no se hubieran hecho sorteos de lotería en esta fecha tan señalada, pero no se le había puesto el nombre oficial de “Lotería de Navidad”. Y sí, los niños de San Ildefonso ya estaban ahí sacando las papeletas, ¡porque al principio eran papeletas! No bolitas.

Además, eran todos niños varones, ya que no se acogía por entonces a niñas en el colegio. Ya ves, más que ser la suerte machista, la hicimos machista.

Lo que ni los niños de San Ildefonso ni nadie se esperaba, es la misteriosa anécdota que ocurrió en 1949, cuando un señor de Málaga apareció en Madrid con su hatillo diciendo: “he soñado con el número del premio gordo, y será el 55.666. He venido adrede a comprarlo”. Justo ese, eh, con toda su peculiaridad, que no es que fuera variadito. 

Cuando llegó a la ciudad para comprar el número que se le había aparecido en sueños, resulta que todos los décimos del número los había comprado la Asociación Benéfica del Cuerpo de Correos de Madrid, que haciendo honor a su nombre, mandó todas las participaciones a diferentes oficinas por toda España. Así que el soñador misterioso no consiguió hacerse con el número. ¿Qué crees que pasó luego?

Pues, tachán, tocó.

Ya que estaba en la capi, para consolarlo, podrían habérselo llevado a ver el sorteo en directo, que aunque tú lo asocies a estar frente a la tele con tu abuelita, toda la vida se ha celebrado en el salón de sorteos de Lotería y Apuestas del Estado, y hay gente que va y todo. Como esta gente cada vez era más, desde el 2010 se trasladó el espectáculo a espacios con capacidad para más fans de la suerte, como el Palacio de Congresos de Madrid o el Teatro Real. 

Algunos se preguntan cómo es que a día de hoy se sigue con la parafernalia de los bombos y no se utilizan ordenadores para “mover las bolitas”, y resumiendo algo que me explicaron una vez y me dio un poco de mareo, se ve que un ordenador está hecho para predecir más que para soltar resultados así a lo loco. 

Así que nuestros queridos bombos siguen siendo la mejor herramienta para asegurarnos que los resultados son aleatorios de todas, todas. Ya que queremos atraer a la suerte, juguemos con sus juguetes, ¿no?

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